Aún me acuerdo aquellos tiempos cuando estando en clase me resultaba tarea imposible no parar de realizar esos dibujos, todo lo que en ese preciso momento se me ocurría mi gran afán era plasmarlo en un papel, una mesa, un estuche etc. que gran persona, mi profesora de Matemáticas la cual no paraba de regañarme, Miguelin da Vinci me llamaba “la gran causa perdida”. Pasaron mis tiempos escolares y decidí que mi vida tenía que ir por otras vías que no eran las vertientes lectivas que comúnmente elegía la gente de mi generación, decidí que la universidad de la vida “la calle” podría ser mi mejor baza para cumplir mi sueño. Como es lógico y para poder abrirme un hueco en este bonito pero duro camino me tuve que dedicar a muchos otros oficios . |
No tenían nada que ver con el mundo del tattoo; transportista, cerrajero, carpintero, mozo de almacén etc., todo lo que fuera para poder ahorrar unas pesetas que después pudiera emplear en comprar todo el material necesario como para encerrarme en mi cuarto y no parar de dibujar, es cierto que entre porte y porte, ventana y ventana, siempre con mi libreta y lápiz desenfundado, un tribal, una ninfa o una mera estrella eran suficientes formas como para transportarme a mi verdadera pasión. Era un día cualquiera de verano, finales de los 90, mi buen amigo Benito me llamo emocionado diciéndome que me tenía que enseñar algo, ante esa gran incertidumbre emocionado y exaltado decidimos vernos en el lugar de siempre, fue entonces cuando sin yo esperármelo me mostró un gran dibujo tatuado en su brazo derecho que le rodeaba toda la manga, imposible de olvidar, es entonces cuando tuve mi primer contacto con el mundo del tatto, aún lo recuerdo, volviendo a casa no paraba de darle vueltas a la cabeza, entonces me pregunte, ¿y porque yo no?. A partir de ahí decidí que mi vida tenía que ir por esos derroteros, fue entonces cuando empecé a meterme en ese mundillo, revistas, documentales, charlas con conocidos del entorno, todo era bueno para empaparme sobre como podría hacer realidad mi sueño. En el año 2004, habiendo cobrado mi paga de navidad, me decidí a comprar mi primera maquina, esto fue en la famosa calle Madrileña de Fuencarral, allí mismo me explicaron trucos varios de cómo montarla y por donde empezar a tatuar. Los que lean este relato y hayan tenido contacto con la materia seguramente no les sonará extraño que os cuente que mis primeros pinos los hice con caretas de cerdo, líneas gruesas, delgadas, sombreados, los alternaba con tribales, símbolos, letras, dibujos, todo era bueno para practicar y ver los resultados de todo aquello que se me ocurría. Un año mas tarde, a principios del 2005, fue cuando por primera vez y tras engañar a un gran amigo decidí dar el salto a tatuar algo que no estuviera muerto y que no tuviera forma de cerdo , fue entonces cuando coloquialmente pinché, como todas las primeras veces no fue la perfecta, pero a partir de ahí, fueron uno tras otro los que confiaban en mis manos, en pocos meses pasé de meras estrellitas a dragones alados, de brazaletes en los tobillos a espaldas completas, al parecer la cosa no se daba mal, ¡prueba superada!. Y por fin mi sueño se hizo realidad, todo mi esfuerzo, el de todos los que me rodean y que me aguantan todos los dias tomó su forma en febrero del 2006. Pura Tinta, ese es el nombre con el cual bautice a mi estudio, en definitiva mi vida. Confío y deseo poder veros pronto, contar con vuestras ideas, que veáis las mías y sobre todo, poder contribuir a que vuestros sueños se hagan realidad. Os espero en Pura Tinta. |